MILONGAS DE BUENOS AIRES (1999 - 2006)



Por más de 10 años musicalicé en diferentes milongas de Buenos Aires. 
Recién comenzaba el siglo y el milenio y yo promediaba mis 20 años. 

Aún no podía, ni siquiera, imaginar, lo que iba a venir después. 
En ese tiempo sólo esperaba poder llegar a fin de mes. 
Vivir organizando y musicalizando, en milongas, 
era tan solo, una utopía. 

Pasaron mucho tiempo, cosas y personas, desde aquellos años. 
Todavía yo no estaba seguro de que el tango 
sería mi profesión y mi vida. 

Como mencioné anteriormente, era muy difícil vivir 
sólo con las milongas y la música, en aquellos tiempos. 

Pero, después de tocar fondo, en todo sentido, 
el camino fue hacia arriba. 

En ese tiempo todavía no teníamos ni computadora, 
ni celular, ni cámara de fotos digital. 

Pero vivimos bellísimos momentos, que nunca olvidamos. 

Aún, hoy en día, me encuentro, con amigos, de aquella época, 
con los que es un placer celebrar 
y evocar queridos tiempos y personas. 

Musicalizando en el SALÓN CANNING 
(2000 - 2010) 


Había una mesa, al lado del bar, 
en donde estaba la consola para el DJ. 
Esta es la vista del salón, que tenía, 
en el momento en el que musicalizaba. 


Con Omar Viola, en el 2001. De él aprendí y copié, un montón de cosas, 
que me sirvieron para todo lo que vino después. 

Por muchos años fue un modelo a seguir y aún lo sigue siendo. 

En ese tiempo la milonga ya empezaba a llenarse de gente. 


Con el Maestro Roberto Álvarez, director de la Orquesta COLOR TANGO. 

El maestro fue bandoneonista y arreglador, 
en los últimos años, 
de la Orquesta de OSVALDO PUGLIESE. 

Desde 2001 y, por muchos años, la Orquesta COLOR TANGO 
musicalizó en históricas noches, en las que se exhibieron 
increíbles parejas de bailarines. 


Uno de esos hermosos recuerdos 
que encuentro, cuando pienso en aquel Buenos Aires. 

( Hubo un tiempo que fue hermoso ... ) 

Con Puppy Castello, hace ya unos años, en el Salòn Canning. 


Con los geniales e insuperables "Hermanos Macanas", 
en el bar del Salón Canning. 

Éramos tan jóvenes. 


Al principio grababa, en cassette, los vinilos 
para no perder la música, cuando empezaban a saltar. 

Me da nostalgia cuando regreso a Buenos Aires 
y los encuentro, entre mis viejas cosas. 

Ser musicalizador era una inversión. 

Había que comprar los cds. 

Todavía ni siquiera tenía PC, en casa, 
para poder hacer una copia, 
para no perder la música. 


Los queridos milongueros Quique y Gioconda, 
que siempre venían al SALÓN CANNING y a LA NACIONAL. 


Miguel Coppini era el musicalizador de las milongas 
"Salón Canning" y "Porteño y Bailarín", entre otras. 

También bailaba muy bien. 

Y me quería convencer que empiece a bailar. 

Pero, a mí, el baile no me interesaba. 

En 2001 se fue a vivir a exterior y me pidió que lo reemplace 
en las milongas,en las que musicalizaba. 

En ese año, en poco meses, ya era Tango DJ, 
además de las citadas, en "La Nacional" y en "El Beso". 

Con Miguel siempre compartíamos el taxi de vuelta, 
cuando cerrábamos el Salón Canning. 


Con Hernán Paglia, con quien nos encontrábamos, 
todo el tiempo, en las milongas. 

Por tipos, como él, comprendí 
eso que dice el tango: "me diste en oro un puñado de amigos". 

Él tocaba con "LOS COSOS DE AL LAO". 

En vivo eran 4, pero sonaban como 20. 

Es de esos verdaderos amigos que se extrañan tanto. 


En los primeros años, antes de los celulares, las reservas se hacían, 
al teléfono público, que estaba en el ángulo del bar. 


Cuando comencé a trabajar, en el SALÓN CANNING, 
las clases de los lunes estaban a cargo 
de los excepcionales bailarines Gabriel Angió y Natalia Games. 

El Grupo "Graciela González", era el responsable de la de los viernes, 
con la participación ocasional de Pupy Castello 
y de otros históricos milongueros, como el "Pibe" Palermo. 

Cuando el horario, de las clases de los viernes, quedó libre, 
le propuse a Omar que llamara a Ana María Schapira, 
a quien conocía, desde mis tiempos adolescentes, 
ya que era amigo de su hija. 


Con el querido e inolvidable PIPAS, en el baño del Salón Canning, 
con quien también compartíamos las Navidades y Años Nuevos, 
cuando nos tocaba estar juntos en la milonga. 


Musicalizando con 1Dick Man, a batería,
 que vos me prestabas, un mini disck y un mp3 de 1 GB


Bailando con Orquestas en vivo 


Al final de una de las mil y una noches 
musicalizando en el Salón Canning. 



Musicalizando en "LA NACIONAL" (2001 - 2006) 


Ya hacía un tiempo que conocía al cantor de tango Pablo Banchero. 

En el 2000, junto a sus hermanos Gustavo y Guillermo, 
inauguró una milonga, a la que llamaron "La Nacional". 

Fue una milonga familiar, en muchos aspectos, 
no sólo porque en ella participaban, aparte de los hermanos, 
los padres Banchero. 
Estaba también Marcelo Focarile, que, trabajaba conmigo, 
en el Salón Canning. 

A esta milonga concurría un montón de gente amiga, 
bailarines y concurrentes, que hacía de las noches, 
de los miércoles una cita infaltable. 

Fueron unos 6 años, los que musicalicé allí. 

Fueron 6 años que vivimos juntos: Pablo, Marcelo y yo, 
en la misma casa, y años, en los que compartimos 
nuestra experiencia de vida y de tango. 

Gracias a esos tiempos soy muchas cosas, de las que soy, 
en el día de hoy, como musicalizador y como otras más. 

Muchas veces uno mira hacia atrás y 
quisiera volver a vivir momentos tan preciosos y únicos. 

Pero la realidad nos indica que no es posible. 

Entonces nosotros recordamos, que es revivir, 
aunque sea mentalemente, por un instante, la gente y las cosas 
que quisimos y queremos. 

También eran tiempos en los que, no todos, 
teníamos una cámara de fotos digital, una computadora, 
ni muchas cosas, que hoy nos almacenan los recuerdos. 

Por suerte sí tengo muchas fotos reveladas, 
que no archivo en la computadora. 

Aprendí de los mayores que nuestros recuerdos 
nos van a visitar cuando menos los esperemos. 

Y, si no tenemos tiempo, para ellos, nos visitarán en sueños. 

Por eso, aquellos tiempos, ahora me parecen eso: un sueño. 

Tal vez, yo ya me estoy poniendo mayor también. 


LA NACIONAL, antes y después, de comenzar la milonga. 





Esta foto la usaba, para la poca publicidad, 
que se hacía, en ese entonces. 





¡¡¡Milonga!!! 




Estas son fotos digitales tomadas a fotos no digitales. 
Apenas se percibe que fiesta, 
que eran aquellas noches. 



Era increíble musicalizar, en una noche así. 
Al fondo, en el escenario, la Orquesta COLOR TANGO. 


Es hora de cerrar. - ¿Vamos a tomar un café?. 
El día comienza antes, por el barrio de Congreso. 
Hay muchos bares abiertos. 


Con mi amigo, el cantor Pablo Banchero, 
al finalizar una de las maravillosas noches, de milonga. 


Musicalizando en PORTEÑO Y BAILARÍN 
(2001 - 2004) 


Recuerdo un primer martes, hace ya unos cuantos años. 

Entramos, por primera vez, a la primera noche, de una milonga primera. 
Ya por entonces conocía a unos de sus flamantes organizadores. 
En los últimos años, de los '90s, habia ido a sus clases de tango, 
en la Confitería Ideal, en la U.B.A., en el bar “Sarajevo” etc. 

Y, cuando empecé a organizar mis propios proyectos, 
siempre me dió una mano, con la promoción. 
Iba a sus clases, con mis collage de volantes fotocopiados 
y, entonces, él los anunciaba o me dejaba repartirlos,
entre sus alumnos. 

Muchos de ellos ahora son grandes bailarines 
y están recorriendo el mundo, con el tango. 


Al otro organizador lo conocía sólo de verlo o encontrarlo, 
en las milongas, pero nunca habíamos hablado seriamente. 
Su estampa porteña me inspiraba respeto, 
por lo que no creo que hayamos cambiado más de un saludo, 
por aquellos tiempos. 


Como recordaba antes, entramos, con amigos y amores, 
a esa primera milonga y encontramos más amigos y amores. 

Creo que a los que recorríamos el circuito, 
de las pocas milongas, 
de aquel entonces, nos pasaba lo mísmo, 
como puede pasar ahora también, 
sólo que ahora hay más milongas por noche. 

Y, entonces, nos sentamos en una mesa, charlamos, 
saludamos, bailamos y ya hicimos nuestra esa pista, 
esos tangos y esa gente, que pasó a ser,con el tiempo, 
los conocidos y amigos, que cada martes, encontrábamos allí. 

Una noche, el musicalizador Miguel Coppini, 
me contó que se iba a vivir al exterior 
y m e preguntó si quería reemplazarlo, 
en sus trabajos, en las milongas. 

Miguel era el dj del viernes , en el Salón Canning, 
en donde éramos compañeros. Yo atendía el bar, 
me ocupaba de que las cosas salgan más o menos bien 
y, a veces, pasaba música, que siempre fue lo que me gustó. 

Mi experiencia anterior se limitaba a la "Milonga del Indio", 
"Plaza Dorrego", mi primera milonga "Transgresión" 
y, esporádicamente, el Salón Canning. 

Miguel era también el dj de esa milonga, 
en donde iban los milongueros, 
los "porteños" y "bailarines". 

Y, para mí, fue todo un desafío. 

Con mi poco conocimiento de orquestas, algunos cds y mucho miedo fui, 
una primera vez, a pasar música. 

Por suerte la cabina del dj siempre estuvo alejada de la pista 
y la gente no me podía ver. 

Mi ignorancia me condicionaba 
y me atemorizaba que la gente me viera. 

Realmente tenía pánico. Después vino la crisis del 2001, 2002 
y más y, de tener las pistas vacías, en las milongas 
(como teníamos vacíos los bancos, el futuro, los sueños 
y los bolsillos de los argentinos )
empezó a venir mucha gente y la fiesta se hizo incontrolable. 

Fue una celebración, cada martes. 

Tuve la dicha de pasar la música para los más importantes 
bailarines y milonguerons de entonces. 

Seguro que hay mucha gente que lo recuerda. 

Y, si alguno ya no está, estamos nosotros para recordarlo. 
Y para no olvidarnos, ni olvidarlos. 

Mi amistad con el "bailarín" se agigantó tanto, 
que la contagió al "porteño", 
y a los compañeros del bar, camareros, seguridad 
y con muchos de los habitués, que eran los mísmos que encontraba, 
en otras noches, de otras milongas, en las que trabajaba o iba. 

Y, entonces fui feliz, de ser parte, de esta fiesta inolvidable, 
de esa celebración al tango y de todas las cosas que encontramos, 
perdemos, dejamos y recuperamos, en esta vida, que es una milonga, 
o en esta milonga que es una vida. 

La verdad no lo sé. 

Y gracias a toda esa gente y a todo ese tiempo 
es que hoy cosecho lo poco o mucho que cosecho. 

El "porteño" se llama Carlos Stassi y el "bailarín" José Garófalo. 

Esta noche, en algún lugar del mundo, voy a estar ahí, 
brindando por todo y por todos. 

Unos años después dejé de trabajar ahí, para organizar "Mina Milonga", 
pero esa es otra historia. 

Nuestra amistad siguió y sigue siendo la mísma. 

- Escrito para el 10° Aniversario de PORTEÑO Y BAILARÍN 


Una emotiva foto, de aquellos bellos tiempos, 
en los que musicalizaba en Buenos Aires. 

Entre 2001 y 2004, todos los martes, fue en "Porteño y Bailarín", 
la milonga que organizaban entonces Carlos y José. 

En la foto, de 2002, están los inolvidables milongueros,
que poblaban, aquellas mágicas noches. 

Era mucha la responsabilidad musicalizar 
para gente que sabía tanto de tango, 
muchísimo más de los que podía saber yo. 

¡Qué lindo recuerdo! 

. Hay amigos, en la foto, con quienes, a veces, 
nos encontramos en Buenos Aires o en alguna otra parte. 

Y otros que ya no están entre nosotros, 
pero que nunca los olvidamos y los extrañamos mucho. 


Con Carlos Stasi y José Garófalo (2001) 


Con el "Nene" Masci. Un milonguero de ley. 


En la mesa de los milongueros, Omar Vega saludando. 

Un bailarín genial, de los que no se conocen, todos los días. 

Único. Maestro de maestros.

Que vacía quedó la milonga, sin él. 


Con José Garófalo, en la cabina, de DJ. 


Así veía una de las pistas, desde la cabina del DJ. 



Musicalizando en LAS MOROCHAS - EL BESO, 
( 2001 – 2006 ) 


La “Milonga de las Morochas” se inauguró allá por el 2000, 
en “El Beso”, cuando yo aún estaba con Pedro Benavente, 
en su “Milonga del Indio”. 

Su flamante organizadora, Gabriela, vino un jueves,
a nuestra milonga, para publicitarla, y, Pedro, la anunció, 
como también hizo lo mismo con “Tangresión”, 
que era el otro lugar en donde yo trabajaba. 

Cuando cerró “Tangresión”, aquella milonga, en una vieja casa, 
del barrio de Parque Patricios, en donde se bailaba en el patio, 
bajo las estrellas, y se tomaba un mate o una copa de vino, 
debajo del parral, empecé a ir todos los sábados a bailar 
a “La Milonga de las Morochas”, en donde Gaby me reservaba, 
siempre una mesa, sobre la pista de baile. 

En ese tiempo me encontraba con todos mis amigos y conocidos allí. 

Además las personas que trabajaban en “El Beso”, 
que eran las mismas, 
de los martes, miércoles, sábados y domingos, 
eran gente macanuda que, con el tiempo, 
se convirtieron en mis amigos. 

Después, cuando empecé a trabajar, con Omar Viola, 
en el “Parakultural - Salón Canning”, Gabriela también vino, 
a veces, a hacer publicidad y, con el tiempo, 
nos fuimos haciendo amigos. 

Fue así que, en dos oportunidades, una cuando se fue de vacaciones 
y, la otra, cuando se casó, me pidió que le organice la milonga. 

La tarea consistía en atender las reservas de las mesas, 
recibir a la gente y otras funciones del organizador

Allá, por el 2001, yo ya musicalizaba en el “Salón Canning”, 
en “La Nacional” y en “Porteño y bailarín”. 

Por ese entonces Gabriela se iba a vivir 
a Estados Unidos, con su familia, y, un viernes, a la noche, 
en la cocina del “Parakultural”, 
me preguntó si quería ser su musicalizador, 
ya que Osvaldo Natucci iba a dejar de serlo. 

También me presentó a su prima, Jimena Salzman, 
que se encargaría de organizar la milonga en el futuro, 
cuando ella ya no estuviera. 

Ante mi negativa volvió a preguntármelo en la noche del martes, 
en “Porteño y bailarín”, y yo volví a decir que no. 

La verdad es que no me sentía seguro de hacerlo bien. 

Era mucha la responsabilidad de reemplazar a “Natu” 
y, además, a “El Beso” concurrían muchos milongueros 
muy exigentes, de aquel entonces. 

A la otra noche, Gabriela y Jimena, vinieron a “La Nacional”, 
pero esta vez no me preguntaron nada. 

Al final de la noche, cuando quedaba ya muy poca gente, 
vino un querido amigo y me dijo: 

- Dale, deciles que sí, 
así se pueden ir a la casa. 

Este querido amigo mío era una autoridad para mí. 

Entonces fui yo el que me acerqué a ellas y les dije 
que aceptaba, con gusto, empezar a musicalizar en “Las Morochas”. 

En el primer sábado, en el que lo hice, mis miedos y mi inseguridad 
eran tales que musicalicé, en la consola de “El Beso”, ocultándome, 
sin que nadie me vea pasando la música. 

En ese tiempo yo era más joven, pero parecía aún más. 

Es por eso que pensaba que, la gente, con sólo verme, 
iba a pensar y decir que musicalizaba mal. 

La primera noche salió muy bien, por lo que, la semana siguiente, 
no me escondí más. 

Todos los sábados, hasta el 2006, pasé música allí, 
hasta que decidí dedicarme sólo a “Mina Milonga” 
y a los viernes del “Parakultural - Salón Canning”. 

Además, en ese año, ya estaba profundamente enamorado 
y quería pasar los sábados a la noche, con la maravillosa mina
con la que compartía, cada segundo, de mi vida. 


Con Jimena, organizadora
de "La Milonga de las Morochas", en "El Beso"


"Gira la noche en el horario ..."

La pista vista desde la cabina del DJ


La querida y vieja consola de "El Beso"


“Motives”, “Bella, ciao”, “Bandiera Rossa”, “Hasta siempre”, 
“La cucaracha” y otras canciones de un mismo álbum, 
fueron las cortinas que usé siempre, 
en la "Milonga de las Morochas”. 

Osvaldo Natucci, antes de mí, también las pasaba, 
ya que fueron las cortinas que, originalmente, 
Gabriela eligió para su milonga. 

Salvo “Hasta siempre” o “La cucaracha”, yo no conocía 
o no entendía muy bien su significado, 
pero, mis amigos europeos, me lo explicaron. 

Era difícil para mí sentir, como podían sentirlo ellos. 

Hoy, si las escucho, vuelve a mí el recuerdo de aquellas noches 
de milonga, aquel Buenos Aires, del 2001 y tantas cosas. 


Como dije, yo sólo puedo leer e informarme 
sobre lo que representan. 
Pero si son una canciones importantes para mis amigos, 
también lo son para mí.

1 comentario:

  1. grande Damian, uno dei dj migliori al mondo. ! compliemnti.

    ResponderEliminar